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lunes, 13 de julio de 2026

RIMAC || ACHO SE RESPETA

Twitter & Instagram @magalyzapata
Una crónica que no hubiera querido escribir

Por Magaly Zapata

Acho se respeta. No sólo porque sea la plaza más antigua de América ni porque sea Monumento Histórico, sino porque representa una forma de entender la tauromaquia basada en el rigor, el rito y la verdad. Por eso resulta doloroso escribir estas líneas tras el festival celebrado ayer.

Acho se respeta. Aunque ciertos "turistas", en el viejo decir de Acho, concurran ansiosos por volver a la plaza y acepten lo que les echen,  y también ciertos toreros trágalas, dispuestos a anunciarse con tal de pisar Acho, aun teniendo que venir con su pan o, mejor dicho, con su toro regalado bajo el brazo, insisto: Acho se respeta, señores. Esta es una crónica que no quisiera escribir, pero hay cosas que deben quedar escritas. El fin no justifica los medios.

Por eso no hubo el sorteo de rigor por la mañana, con anuencia de Usía.  El público pidió el cambio de un toro. No se hizo porque, según la tablilla de los patios, no había sobreros disponibles. Otra negligencia de la autoridad. En el saco de responsabilidades encajan el organizador De Vuelta al Ruedo, quien cedió o alquiló la Catedral del Toreo de América para estos fines; y, cómo no, el alcalde del Rímac, cuyo representante, elegido para ocupar el palco ejerciendo de juez de la corrida —el mismo que suele serlo de la Feria del Señor de los Milagros—, dio pase a ganaderías sin historial ni procedencia conocida y, peor aún, concedió orejas a mansalva sin tener los ojos puestos, por ejemplo, en la colocación del acero que, en el caso del español Pérez Mota, salió más de una cuarta por el costillar. Si la petición no fue mayoritaria, su criterio taurino debió poner las cosas en su sitio.

Qué nos queda decir del indulto, que terminó siendo un insulto y un irrespeto a la historia de Acho y a la categoría que los taurinos pretendemos preservar. Porque un indulto nace del clamor del tendido, de una petición mayoritaria, casi unánime, que reconoce la excepcionalidad de un toro. Luego corresponderá al ganadero o a su mayoral valorar si ese toro merece volver al campo; esa es también su responsabilidad como criador. Pero lo sucedido aquella noche estuvo lejos de eso. Eran más los que se manifestaban en contra.


Me queda la imagen de un empleado de Acho corriendo por el callejón, camiseta blanca en mano, soliviantando los tendidos. Todo ello en la nocturnidad de una tenue luz, con escasos reflectores, mientras el público debatía airadamente el no al indulto. El palco, presuroso, sacó el pañuelo, y más prisa aún tuvo su torero, que simuló ipso facto la suerte suprema.

Me queda la sensación de un indulto impulsado desde fuera del cauce natural de la Fiesta, más cercano a la necesidad de cerrar un festival con un triunfo añadido que al reconocimiento espontáneo de una bravura excepcional. Cuando el rito se utiliza como argumento de promoción, pierde su valor y queda deslegitimado.  Entiendo que en los festivales el baremo se flexibiliza; pero lo de ayer hace daño y tira abajo el pedestal sobre el cual queremos ver y mantener a nuestra Acho del alma, en su atalaya de tradición.

Lo que digo no es nada nuevo. Es seguir las huellas de quienes antes que nosotros defendieron la integridad del espectáculo. Recuerde usted la palabra de Zeñó Manué, acérrimo defensor de la pureza de la Fiesta, cuando en su libro Tendido 5, Barrera 25 evocaba a don Fausto Gastañeta, cuyo nombre lleva la calle aledaña a Acho y quien firmaba como “Que se vaya”, aquel grito del público limeño de otros tiempos en los tendidos de la Plaza de Acho cuando un torero, un ganadero o un juez de plaza realizaba una mala labor. Don Fausto fue quien le dejó a Zeñó Manué la página taurina del decano tras su muerte en 1945, continuando así una tradición de crítica y exigencia.

De su pluma, Zeñó Manué recordaba aquella prosa irónica y amena en la que Gastañeta se burlaba abiertamente del toreo de relumbrón, de los lances de mentirijillas de los trágalas, y zahería sin contemplaciones la escasa —o ninguna— casta de los cornúpetas y la tontería de los cuneros.

Hogaño, habiendo transcurrido varias décadas desde aquellos tiempos, poco parece haber cambiado. O demasiado se ha chabacanizado el espectáculo fuera de la Feria del Señor de los Milagros. Un horror. Acho debe ser referente de exigencia y rigor del rito, santo y seña de la más pura tradición.

De eso poco existe ya. Está visto y comprobado que con eventos como este poco o nada se puede sostener del tronío y la categoría que durante 260 años han forjado la grandeza taurina de este recinto único en el mundo, por su hermosa arquitectura, que se yergue como pandereta de octógonos sobre la arena de un tiesto tendido al sol; acendrado Monumento Histórico y orgullo nuestro por los siglos de los siglos.

TORO A TORO

El cartel estuvo conformado por los españoles Octavio Chacón y Pérez Mota, los peruanos Paco Céspedes y Fernando Villavicencio, Calita de México  y el Colombia do Franco Salcedo. De los ejemplares lidiados desgajaremos en toro a toro.

1o de Imperio  Bravo para Chacón. No tuvo recorrido. Echaba las manos arriba. Tuvo poca fuerza. Se escupió del caballo de picar y a la muleta llegaba vencido. No quería salir de las rayas a la faena de limitó a un trasteo con porfia sustentado en el oficio del andaluz. Muleta retrasada y montarse. Pincha y defectuosa.  Vuelta al ruedo.

 2o de Las Nieves para Paco Céspedes. Infumable manso, alto y feo de hechuras que gritaban lo que era. Se frenaba en las telas se escupió del caballo y en este como en otros no salieron las banderillas negras. Un juez de plaza pintado dio pase sin supervisar estos menesteres.  El público pedía cambio. No se hizo porque no los habia según la tablilla de los patios.  Otro negligencia del palco. El caso es que ni las moscas del lomo se dejaba quitar con la muleta. Ni un pase. Demoro demasiado el vano empeño en faenar y más aún en perseguirlo para finalmente “cazarlo”. 

3o de  Villa Hermosa feo salinero para Pérez Mota.  Un aparente terciado mayorsito.   De 1 en 1 y cruzado para que no se revuelva pronto sobre las manos y más de una vez casi se lo lleva.  Se aplaudió el esfuerzo. Pincho y tras enjaretar el acero que asomó por el costillar lo dicho arriba. Oreja de palco.

El 4o de Pilar de Achacota para Calita de México. Bregó con el capote por docencia y con la muleta firmó los mejores trazos de la tarde por naturales y después una buena seria al final con la otra mano que encendieron al público. Siempre con la muleta por la cadera para vaciar atrás os arreones que siempre conjuró con temple. Faena tesonera con buena composición y empaque. Pincho y otra.  Bien con los palos Alonso y Chiqui. Petición y oreja.


5o de Valle Bravo Canta. Novillito algo basto pero que tuvo la virtud de desplazarse y aunque a media altura y salirse suelto en el capote se dejó ver. Algunos lances de Fernando Villavicencio. En muleta metió por abajo los pitones y rebosándose se colocaba para seguir acometiendo pero la intermitencia en la convicción solo y solo si le dejaba la muleta puesta surgía el toro en redondo y ligado que fue muy poco. Estocada trasera y tendida.  Leve petición y oreja.


6o de Santa Cruz de Costuro para Franco Salcedo. Señalado en varas. Bien Camucho que saludó en banderillas. Y llegó justo de fuerzas a la muleta que siempre estuvo retrasada por su corta y noble embestida. Trasteó aseado en series cortas. Y luego sucedió el soliviantado indulto que aunque con más negación que gente a favor el Usía una vez más hizo lo que él y el enajenado del callejón hubiera tenido encargado. 

Cinco orejas concedidas, con calado real solo una: la de Calita. El resto, generosidades
de Acho y sus autoridades. Para mayor inri, habrá notado usted que no reseño la suerte de varas. Una parodia. Y en Acho, pecado mortal. Ya lo decía Zeñó Manué: es necesario el toro y la Fiesta brava en su integridad para que no se quiebre el drama y no pierda su esencia. O la salvamos íntegra o se derrumba hacia la parodia.

FICHA: Rimac, Acho, Domingo 12 de julio Festival. Toros de Imperio Bravo, rajado; Las Nubes, malo; Villa Hermosa, cierto peligro; Pilar de Achacota, corto de vencía; Valle Bravo Canta, noble y repetidor; Santa Cruz de Costuro, noble poca fuerza, indultado. Octavio Chacón (Esp) vuelta; Paco Céspedes (Perú) silencio; Pérez Mota (Esp), oreja; Calita (Méx) oreja; Fernando Villavicencio (Per) oreja; Franco Salcedo (Col) 2 simbólicas y puerta grande.