De tienta
por el sólido norte taurino
Por Magaly
Zapata
La tierra
de Paiján en la delimitación de la región La Libtertad es conocida y ostenta un
lugar de excepción en el mapa geotaurino del Perú forjado por la Casa Vásquez
hace medio centenar de años. Familia
hondamente enraizada en vivir por las tradiciones y para las tradiciones,
aquella trilogía criolla popular que reúne gallos de pelea, caballos de paso
peruano y toros de lidia. Por eso, porque en cada visita uno se impregna del
aroma y esencia de las tradiciones, el caminar sus senderos arbolados, es un
homenaje a los sentidos, estar ahí y disfrutar.
Nada más
llegar en Mototaxi por el sendero de enormes árboles que dan sombra y mitigan
el sofocante sol de la mañana, empieza el espectáculo rural a escasos minutos
del bullicio de la pequeña localidad que empieza a vislumbrase hacia el mar en
la misma autopista Panamericana que atraviesa el Continente.
Miro y veo
que ya están pululando los caballos de paso y sus jinetes, como en ejercicios
matutinos. En uno, un conocido picador y en otro la nieta de don Aníba. Mas
bonito recibimiento imposible. Era muy
temprano por la mañana del día de San José, había bajado de pernoctar en un bus
que me trajo desde Lima - 11 horas- y
hecho el empalme respectivo a la combi dos horas más de trayecto, ya estábamos
en Paiján, tierra de toros y de toreros a la que los taurinos hemos dado en
replicar el nombre acuñado por el matador Fernando Roca Rey: Paiján de la
Frontera. Sabrá entender la razón.
Un portón
de madera se abre y entro al hogar de los Vásquez, por el lado de la casona
hacia el jardín para atravesarlo y tomar el sendero de tierra entre las joyas
equinas de la familia que dejó sembrado el legendario “Sol de Paiján” aquel caballo
de paso peruano, laureado campeón de campeones, emblema de su raza en nuestro
país y al que doña Lucy Vásquez tiene enterrado al lado de la ventana de su
cuarto “porque nos dio todo” me dijo alguna vez. No puedo no detenerme. Pasear, otear,
acercarme, verlos, hablarles, tocarlos, sentir su mirada acogedora es una
expiación del alma. Continúo el camino y
me lleva hasta la plaza de tientas, el marco sonoro en este trayecto son los quiquiriquí
de los gallos que se crían para las riñas y de las gallinas que dan sus
productos para el consumo.
Vida rural,
esa que los citadinos extrañamos y heme aquí disfrutando del campo, sus olores,
sus sonidos, su luz, todo en consonancia.
Una camioneta se detiene delante, era el ganadero don Aníbal Vásquez
Nacarino con su hijo el matador de toros, un gusto verlos desde Acho cuando
disfrutamos de la faena de su toro “saleroso” al que Castella le cortó las
orejas y se llevó el premio Escapulario de Plata de la feria; que pase nomas a
la placita de tientas que van a traer a doña Lucy. Sigo mi camino y el matador
de toros Nicolás Vásquez ya estaba en el ruedo, me perdí alguna vaca pensé,
pero no, aún no habían empezado. Él y su
padrino Anibal Vásquez hijo serían los tentadores de las 4 vacas, así me lo
informó a la vera del ruedo, bajo un palco contiguo al del ganadero, Sebastían
el pequeño de la Dinastía torera: Son 4 vacas y la mía, aclaró. Era que esta
vez tendría una vaquita para él solo. Lo vimos acicalado para la ocasión y noté
que esta vez estaba con el cabello engominado, sería para controlar los hirsutos
y rebeldes que todos los toreros buenos llevan sujetos, él no sería la
excepción. Algunos reporteros gráficos entre la gente del ruedo y las caras
conocidas de los subalternnos Manco y Camucho a quien vimos en franca
mejoría. Amigos de Nicolás de la
universidad, importante presencia de chicos y chicas nuevos en este tipo de
faenas de campo que al finalizar también pusieron pie en ruedo para sentir la
adrenalina de quien se pone delante.
Transcurría
la lidia de la primera vaca, una ensabanada que tuvo mucho ritmo en su
embestida (hace unos años disfruté de una parecida en ese ruedo y la crónica
fue para “la vaca blanca”); Aníbal dio la lidia adecuada en alturas y
distancias pero sobre todo por la tersura de su muleta, no es fácil conseguir un
trazo sin asperezas, sutil y sin enganchones, suave y despacio conducía las
embestidas y surgió el toreo ligado y templado.
Veo que en el palco de Sol bajo los arboles frondosos que buena sombra
regalan se instaló doña Lucy y Anilú, su hija y madre de toreros. Hacia allá me fui para saludarlas antes de
iniciar la segunda lidia. Siéntate aquí
a mi lado, me dijo doña Lucy, sólo tocaba obedecer ante la gentil invitación. Regalo de la vida oírla comentar las
incidencias de lo que sus vacas planteaban, como ganadera que siempre está enterada y metida en el campo,
y también lo que su hijo y sus nietos hacían en el ruedo. Aguda y exigente siempre, pero con ese
toque tierno de madre con la preocupación cuando sentía que no se hacía lo
adecuado. Madre y abuela de toreros y
muy torera como pocas. Turno de Nicolás, no lo veía torear desde San Marcos
Ancash 2024, y lo vimos más acentado corroborando que uno de sus importantes
triunfos (Cutervo 2025) sucedió por el momento de madurez que empieza a
transitar, se aleja de la brusquedad y se acerca al embeber con tiento las
embestidas. La tercera fue la más exigente de todas y el matador retirado
plantó cara con el oficio bien aprendido y entendido. Le pudo. La chanza no se
iba del ruedo: te las has elegido Nicolás… al tiempo recordábamos en el palco
que la primera vez que estuve en la feria de Cutervo había sido para presenciar
su alternativa (28 junio 2001) y aunque retirado cada día torea mejor, por
acrisolada y depurada expresión, y sí pues, a punto está de cumplir los 25 años
de alternativa.
Llegó el momento esperado, ver torear a Sebastián. Desde muy pequeñito lo hemos visto con su muletita andando por todos lados y torear cargado o arropado por su padrino o su hermano. El año pasado edité un video reportaje sobre andar y su afición a jugar al toro desde chiquito. Pero advertida estaba que esta vaca era sólo para él. Se acercó a su mamá para decirle, con gestos incluidos, que sentía algo en el pecho, que no sabía explicar. Es el miedo, le dije, volteó y me miró atónito. No es malo, seguí, todos los toreros lo sienten, pero lo superan cuando confían en lo que hacen al torear. Su mamá asintió y entonces extendió su capote y empezó a estirar brazos y torear al viento. Salió por toriles la pequeñaja, una mamona, bonita, colorada clara, más en melocotón su pelaje, ligera de patas, que correteaba como jugando en el ruedo. Inicialmente Nicolás la sujetó en el percal y nada más alejado de una espantá, Sebastián se plantó en los medios y aunque movidillo lanceó. Su fuerte está en la muleta, tiene temple innato. Eso no se compra ni lo venden, se tiene o no se tiene. Me decía su mamá que no siempre le explican el toreo o la técnica, más es lo que ve torear en casa y en videos, por cierto es fan de Roca Rey y de su hermano. Eso es, tiene el toreo en la cabeza por genes y por intuición.
Con ambas manos templó las embestidas repetidas de la vaquita, lo que para nada es fácil, en los medios ligó los muletazos, quieto y girando. La izquierda la usó como los dioses, enganchando con los vuelos y vaciando atrás las embestidas, siempre exigiendo por abajo. El concepto lo tiene, la estructura de faena también y lo pone en práctica, todo va envuelto en su carisma y temperamento que para nada entorpecen su toreo. Importante. Asimila prontamente cada apunte de los profesionales, como los estatuarios finales cuando la becerrita ya se había rendido en tablas. La exprimió. Se fue contento y vino a brindar a su mamá, ella le dijo: eso se hace antes de torear con la muleta.
Le pido unas declaraciones desde el ruedo y me dice: He sentido mucha emoción, he roto mi miedo y he compartido mucho con mi
familia. Después de esta jornada hay conceptos que se le interiorizarán sin
duda. Su ilusión estaba cumplida. Había
terminado con nota alta su primer examen. Salió del ruedo y vino al palco para
decirme: Cuando me dijeron que venía
Magaly Zapata dije que tenía que torear una vaca yo solo. Le dije que el torero no sólo tiene que ser bueno,
también tiene que se inteligente y listo.
Terminó la tienta y pasamos a la casa, un almuerzo criollo y mucha
charla taurina. El torerillo ya se había
puesto a jugar pelota y de pronto vuelve y se sienta con nosotros: Y cuando vas a poner lo que te dije, me
preguntó, y como se le ve exigente con la prensa le expliqué, mañana, porque si
edito en mi teléfono hoy en el viaje de vuelta me quedo sin batería. Lo
entendió y se fue a pelotear más.
Quizás sean
unos 25 años que con intermitencias visito esta casa ganadera. Me quedé con la
pena de no haber podido visitar los toros en el campo pero almorzar viendo las
cabezas de los destacados en derredor, especialmente la que tenía más cerca, la
del Escapulario de Plata 2026, mitigaron la pena. Un año más, una visita más y un
agradecimiento eterno y total a la familia Vásquez por invitarme a pasar una
jornada que se atesorará siempre.
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