La emoción de la esperanza en encontrar un coso cuidado como
su categoría amerita, se evidenció con
la alegría de los asistentes al llegar, era palpable en los atrios de Sol y de
Sombra. Estábamos en Acho otra vez.
Titánica labor de la empresa La Esperanza que en dos meses nos recibió
con una plaza reluciente y remozada. Qué bonita está, era el decir de todos…
Correspondía ir por delante a Cubas pero tras confirmación
fue Galván, el andaluz que llegaba por ser triunfador en San Isidro siendo que
hace un par de años los ruedos peruanos lo cobijan. Pisó Acho desmonterado por
ser
nuevo en la plaza
y lo que se esperaba lo dio en su segundo, un
noble ejemplar en jabonero pelaje que embistió andando y así,
pasito a paso,
se fue acoplando el gaditano.
Meció a pies juntos el capote al saludar,
brindó su faena al empresario y en la muleta se dobló en redondo toreramente
hasta las rayas cruzar,
sujetarlo debió
con la muleta a media altura por eso de las fuerzas justas
y aunque a veces dudaba “viñero” en acometer,
lo esperó y consintió, y convenció para acompañarlo en su expresión.
Los mejores momentos fueron al natural, ese
toreo con la zurda, sin estoque,
que
nace en el corazón y acaba en los vuelos de la pañosa y
sometiendo con tiento
al burel iba más largo. Crujían los cimientos
de Acho con los olés. Suave y delicado torear, decir y sentir que llegó a lo
escultural cuando hundió el mentón en el pecho y arrastrando su muleta con la
zurda embeber pudo
la dulzura del San
Pedro. Se abandonó también con la diestra y fue la música callada del toreo lo
que se oyó, lo que se sintió. Un do de pecho mirando al tendido
y el abaniqueo garboso, guiño a Ponce y su
poncina sellaron
la obra que refrendó
con la espada.
Cuadra, hace la cruz y
entra con fe. Espada hasta la empuñadura y rueda el noble. Petición, oreja,
insistencia del respetable y caen las dos.Galván bordó el toreo que Lima degusta, siente, disfruta.
En el primero de la
tarde no terminó de acoplarse, desarmes
y enganchones desdibujaron sus
intenciones, el toro metía la cara aunque protestando, y debía tirar de él y
ayudarlo, no siempre se entendieron. Algunos
protestan en el tendido porque no surgía el toreo. Pincha dos veces. Silencio.
El segundo de lidia ordinaria se iba suelto del capote del
peruano Juan Carlos Cubas y no hubo historia en el saludo ¡vaya ovación que
recibió! Desde que fue a pedir permiso al
palco hasta que brindó en los medios al público. Se le esperaba a Juan y no defraudó a pesar que pinchó sus faenas. El primero fue difícil por desordenado al
embestir, denotó poca fijeza en la tela, se dobló bien con él al inicio para
domeñar, en los medios unas veces le
dejaba la muleta en la cara y tiraba de él otras deslavazado por enganchones y
desarmes y es que el toro iba
desordenado y pegando tornillazos y al final hasta revolviéndose en un palmo. No
remontó su labor. Pincha y entera
desprendida. Silencio.

Salió el que hizo
cuarto y lo recibió con dos largas cambiadas de rodillas, este castaño quemado
salía suelto, era alto y salía desentendido de los lances con el capote, buena
la media verónica que apretó en su cadera. Brindó al ganadero Orlando Sánchez hijo
y se hincó de hinojos –raro en su concepto- para torear y toreó, bonito y bien, templando
en los derechazos seguidos de naturales hasta los medios, Acho rompió y
crujió. Pasó las rayas y de pronto el
toro se vino a menos y buscó refugio en tablas.
No tuvo más opciones el huancaíno.
Los despachó y oyó palmas.

Colombo estaba deseoso de conquistar Acho como lo ha hecho
en Pamplona y en todas las plazas peruanas donde ha toreado pero el destino y
el toro que cerró la tarde lo impidieron.
Su triunfo de oreja llegó en el tercero al que recibió con larga cambiada
de rodillas y en pie lanceó a los medios por chicuelinas que remató a una mano.
Se veía que le costaba salir del percal al burel, buena vara endilgó Angelo Caro, las banderillas
a cargo del diestro que con sus portentosas facultades monta un espectáculo que
el público vibra y celebra, sin dejar que le den capotazos hace todo él, clava
en lo alto, recibiéndolo de largo, o desde tablas en el violín citando de
rodillas, domina terrenos y suertes. Ay,
la montera cayó boca arriba y aunque disimuló sujetándola en los pies para
citar de lejos, luego la tomó y al recibir al toro debió doblarse para
esquivarlo, suerte que también le fue esquiva y en el otro cambiado por la espalda el toro no obedeció y lo empaló y alzó por los aires, golpeado y
dolorido resultó pero no bajó la tesitura de su entrega aun cuando se hizo
evidente las intenciones del morlaco: ir más pendiente del cuerpo que del trapo. Derechazos templados incluso desmayados
algunos en lo que se fajó al toro, atornillado en la arena, en los naturales
también aunque breves porque el toro no quería.
Cuadra y lo revienta con un espadazo, escultural volapié del
venezolano. Petición y oreja. El que mejores
hechuras traía fue el que menos juego dio, trajo peligro. Era alto el jabonero
amarillento, albahío pues, salía desentendido del capote y tras la buena vara de
David de la Barra, muy aplaudido, quitó por lopecinas, y puso banderillas y otra vez hizo vibrar los
tendidos que en pie ovacionaban.

Brindó a
su apoderado Roberto Piles y al empresario Tito Fernández. En el tanteo a los
medios lo desarma porque se le cuela, señal de alerta, cambia de mano y con la
zurda lo intenta pero viene vencido,
midiendo, reservón, la tanda siguiente busca el cuerpo, no hay material
para lucimiento, aunque pide calma y lo intenta. Y lo que el toro no pudo en la faena lo
consigue en la suerte suprema, echa la cara arriba y lo caza, sin dejarlo pasar,
le pone los pitones en el abdomen y lo remata en el suelo en la rodilla. En los
medios recibe la ovación por su entrega y gallardía, vergüenza torera decían los revisteros de ayer, así sea. Una tarde taurina como la que más, sin
disgusto y con ilusión salió la gente confiando en que lo que viene será mejor.
Plaza de toros de Acho, Lima. Domingo 27 de octubre 2024. Primera de abono Feria Señor de los
Milagros. Se lidiaron toros de San Pedro
bien presentados y juego desigual, destacó el 5º y el 1º, complicado el 2º y 3º,
4º se vino a menos, peligroso el 6º.
Juan Carlos Cubas (Perú, de tabaco y oro), silencio y palmas; David
Galván (España, de verde nilo y plata) silencio y dos orejas; Jesús Enrique Colombo
(Venezuela, de nazareno y oro), oreja y ovación. David Galván salió a hombros.