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miércoles, 1 de julio de 2026

𝐂𝐔𝐓𝐄𝐑𝐕𝐎 || 𝗔 𝗟𝗔 𝗟𝗨𝗭 𝗗𝗘 𝗟𝗢𝗦 𝗛𝗘𝗖𝗛𝗢𝗦… (𝗣𝗮𝗿𝘁𝗲 𝟮)

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𝗛𝗮𝘆 𝘂𝗻 𝗗𝗶𝗼𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘁𝗼𝗱𝗼 𝗹𝗼 𝘃𝗲

Por Magaly Zapata

Hay una frase que suele repetirse cuando la verdad termina imponiéndose: "Hay un Dios que todo lo ve". Eso me dijo en un mensaje quien ocupa el artículo, pero más allá de cualquier creencia, el tiempo suele poner cada cosa en su lugar. Y eso es precisamente lo que ha ocurrido con la Feria de Cutervo.

Desde enero de 2026 fui publicando información que contrastaba con los anuncios oficiales y que, con el paso de los meses, fue revelando una realidad muy distinta a la que se ofrecía a la afición. Lo sucedido finalmente en el coso Jorge Piedra Lozada no fue un hecho inesperado; era el desenlace de una sucesión de advertencias, incumplimientos y señales que muchos prefirieron ignorar.

El primer aviso llegó el 12 de enero, durante la apertura de propuestas para la organización de la feria. Allí, el aficionado Rubén Arturo Vílchez pidió públicamente al comité que valorara la única propuesta que presentaba carta fianza y una contribución económica garantizada, recordando que Cutervo ya había sufrido demasiadas promesas incumplidas (recordemos “la feria del ensueño”). Cuatro días después, uno de los integrantes del comité, Edwin Ángel Cubas Barboza, presentó su renuncia denunciando la falta de claridad en el proceso de selección y advirtiendo sobre un posible direccionamiento blando en la decisión.

El 16 de marzo llegó la presentación oficial de la empresa junto al alcalde. Sin embargo, varios de los nombres utilizados para obtener la adjudicación —como Borja Jiménez, Jesús Enrique Colombo, Joaquín Galdós y otros toreros— nunca estuvieron realmente cerrados. Sus nombres sirvieron para fortalecer una propuesta que posteriormente empezó a desmoronarse.

El caso de Borja Jiménez fue el primero que hice público. El 13 de enero, el propio matador me confirmó desde España que no existía ningún acuerdo. A partir de entonces comenzaron a repetirse situaciones similares con otros toreros anunciados. Mientras verificaba esa información, el propio empresario intentó contratarme para trabajar en la feria. No respondí. Tiempo después volvió a insistir a través de terceros.

Lo paradójico es que por diciembre 2024 había apoyado su proyecto en La Encañada creyendo que se trataba de un joven empresario con ganas de abrirse camino. Tras publicar la aclaración sobre Borja, me reprochó en Acho haber informado la verdad. Mi respuesta fue la misma que sostengo hoy: mi compromiso nunca ha sido con una empresa, sino con la afición y con la defensa y la historia de una importante feria del país.

Durante los meses siguientes continuaron apareciendo señales preocupantes. Persistía la publicidad de toreros sujetos a exclusividad con otras plazas; A comienzos de junio empezaron a confirmarse las bajas de Torrehandilla, Hermanos Navarrete y Puerto San Luis. Poco después llegaron los comunicados de Fernando Adrián y otras ausencias, mientras continuaban las dudas sobre la disponibilidad real del ganado y el cumplimiento de los compromisos económicos con toreros y ganaderos.

Lo ocurrido en la última corrida de la feria, cuando los toreros anunciados no pudieron hacer el paseíllo hasta cerca de las seis de la tarde, terminó por confirmar todas las alertas que se habían venido acumulando durante meses. Un retraso de esa magnitud en un espectáculo de esta categoría refleja la improvisación con la que se manejó un compromiso de enorme responsabilidad.

Las consecuencias no terminaron con el telón bajado. La deuda económica que dejaría esta organización sería cuantiosa. Según diversas fuentes vinculadas al desarrollo de la feria, algunos matadores españoles habrían recurrido  a préstamos para afrontar sus obligaciones tributarias y regresar a su país con la promesa de cobrar después los honorarios pendientes. Los subalternos, por su parte, recibieron únicamente un adelanto de lo convenido para salir a torear, quedando el saldo sujeto al compromiso de ser cancelado en los días siguientes. La cuadra de caballos también permanece a la espera de completar sus pagos.

No escribo estas líneas para decir "tenía razón". Las escribo porque una feria histórica como la de Cutervo merece una gestión profesional, transparente y seria. La principal perjudicada no ha sido una empresa, sino una afición que volvió a depositar su confianza en su autoridad edil  y comité taurino terminó recibiendo una organización muy por debajo de lo prometido.

Pero las responsabilidades no terminan en la empresa adjudicataria. El alcalde y el comité taurino, que optaron por esa propuesta pese a las advertencias que fueron surgiendo desde el propio proceso de adjudicación y que mantuvieron su respaldo mientras se acumulaban las señales de incumplimiento, deberán asumir también la responsabilidad que les corresponde por la decisión adoptada. Administrar una feria de la trascendencia de Cutervo exige no solo entusiasmo, sino criterio, capacidad de evaluación y, sobre todo, la obligación de actuar cuando los hechos empiezan a desmentir las promesas.

Cutervo no necesita vender imposibles. Necesita empresarios solventes, proyectos realistas y autoridades capaces de anteponer la seriedad a los anuncios espectaculares. Aspirar a carteles con figuras, importar ganaderías y asumir compromisos millonarios sin el respaldo económico suficiente solo conduce al descrédito de la plaza y pone en riesgo la confianza de toreros, ganaderos, apoderados y profesionales que, a partir de ahora, pensarán dos veces antes de comprometerse con esta feria.

No es la primera vez que Cutervo tropieza con la misma piedra. Ojalá que esta experiencia marque un antes y un después. Las deudas podrán pagarse, pero la credibilidad cuesta mucho más recuperarla. Y cuando se compromete el nombre de Cutervo, también se compromete el prestigio del Perú taurino ante el mundo.